En los últimos años, la comunicación científica se ha convertido en un terreno de debate creciente. La pregunta ya no es solo cómo producir conocimiento, sino cómo hacerlo comprensible, atractivo y útil para una sociedad que demanda respuestas claras en medio de la incertidumbre. Desde la crisis climática hasta la inteligencia artificial, los desafíos actuales nos recuerdan que la ciencia aislada corre el riesgo de volverse irrelevante si no se acompaña de un esfuerzo consciente por transmitir sus hallazgos.
La historia muestra que la relación entre ciencia y comunicación ha atravesado distintas etapas. Durante siglos, el conocimiento se resguardó en círculos académicos y elitistas, inaccesibles para la mayoría. Con el tiempo, la divulgación popularizó descubrimientos, acercó la ciencia a la vida cotidiana y consolidó figuras que marcaron generaciones. Sin embargo, este proceso no ha estado exento de tensiones: mientras algunos defendían la apertura del saber, otros temían que la simplificación lo desvirtuara. El resultado fue una comunicación científica que, entre aciertos y tropiezos, siempre reflejó las necesidades y ansiedades de su época.
Hoy la discusión se vuelve más compleja. La sobreabundancia de información, la inmediatez de las redes sociales y la proliferación de noticias falsas exigen nuevas estrategias. No basta con divulgar datos: se requiere creatividad, narrativas potentes y la capacidad de conectar con públicos diversos. En ese contexto nace el ciclo de talleres “Divulgar con Sentido”, fruto de la alianza entre la Librería FCE Marta Brunet de la Universidad de Concepción y Sense Contents. La iniciativa busca entregar herramientas a científicos, periodistas y comunicadores para transformar la manera en que compartimos la ciencia, poniendo en valor tanto los casos de éxito como los aprendizajes que surgen del error. El primer taller “La importancia de la Comunicación: clave para el desarrollo efectivo de proyectos científicos”, se realizará el martes 19 de agosto a las 12:00 hrs., y será el punto de partida de este nuevo espacio de diálogo y experimentación.
Si algo nos enseña la historia es que la comunicación nunca ha sido un complemento de la ciencia, sino una condición para su impacto. Hoy estamos frente a la oportunidad de redefinir ese vínculo: hacer de la comunicación un puente sólido entre quienes investigan y quienes buscan respuestas. La pregunta es inevitable: ¿seremos capaces de construir una cultura científica que no solo informe, sino que también inspire y movilice a la sociedad?