El lenguaje audiovisual gana protagonismo como vía para acercar la ciencia a nuevas audiencias

  • La realizadora audiovisual de Sense Contents, Ivania Cavieres, explica que transformar datos y teorías en experiencias visuales permite traducir el conocimiento científico a públicos no especializados.
  • Un proceso que combina investigación junto a expertos, construcción narrativa y validación científica hoy encuentra en las plataformas digitales un espacio clave para su circulación.

En una sociedad atravesada por las pantallas y el predominio de las imágenes en movimiento, el lenguaje audiovisual se posiciona como una herramienta cada vez más relevante para la divulgación científica. Su capacidad para convertir conceptos complejos en relatos comprensibles ha abierto nuevas posibilidades para conectar el conocimiento con la ciudadanía.

Para Ivania Cavieres, realizadora audiovisual y creadora de contenido de Sense Contents, este cambio responde a la manera en que actualmente se procesa la información. “Creo que el formato audiovisual se ha vuelto central porque hoy gran parte de nuestra forma de entender el mundo pasa por imágenes en movimiento. Estamos en la era de las pantallas donde toda información y estímulo es mayoritariamente visual”, afirma.

La especialista advierte que la ciencia suele producir conocimiento en lenguajes especializados que muchas veces resultan inaccesibles para quienes no pertenecen al ámbito académico. Frente a ello, el audiovisual cumple un rol de traducción. “Funciona como un espacio de traducción, permite convertir datos, modelos y teorías en experiencias sensibles. A través de animaciones y/o metáforas visuales se puede ‘ver’ lo que normalmente solo existe en gráficos o ecuaciones”, señala. De esta forma, agrega, es posible “construir un puente entre la ciencia y las personas a través de este nuevo lenguaje universal”.

El proceso de creación de contenidos científicos audiovisuales comienza con una etapa de investigación y diálogo con especialistas. Visitar sus espacios de trabajo y observarlos en acción permite comprender el contenido con mayor profundidad y definir qué es lo que se quiere comunicar. “Lo más importante al momento de trabajar estos contenidos es ser capaz de entender también lo que estamos mostrando, estar en ambos lados de la ecuación, ser el científico que posee la información y ser el espectador con ansias de aprender”, explica Cavieres.

Luego se establece un eje narrativo claro, se desarrolla el guion y el concepto visual, y se avanza hacia la producción, ya sea mediante rodaje o animación. El montaje integra todos los elementos y el material se valida junto a los expertos para asegurar su precisión antes de ser difundido.

Uno de los principales desafíos es mantener el rigor científico sin perder atractivo narrativo. Para la realizadora, ambos aspectos deben trabajar en conjunto. “El rigor científico es el punto de partida, no un obstáculo. El conflicto aparece cuando se confunde simplificar con deformar. Contar una buena historia implica seleccionar y ordenar información, no falsearla”, sostiene. El equilibrio se alcanza, explica, colaborando estrechamente con los científicos para identificar qué elementos son innegociables y dónde es posible utilizar analogías o ejemplos cotidianos que faciliten la comprensión.

Asimismo, subraya la importancia de confiar en la capacidad de aprendizaje de las audiencias. “La narrativa ayuda a guiar al espectador paso a paso, y el desafío está en no subestimar a la audiencia, sino acompañarla en el proceso de aprendizaje”, puntualiza.

El crecimiento de las plataformas digitales ha redefinido también la forma en que estos contenidos circulan. Más que simples canales de distribución, hoy configuran el entorno en que se diseñan las piezas audiovisuales. “Imponen duraciones, formatos verticales, ritmos más ágiles, y también una competencia enorme por la atención. Al mismo tiempo, democratizan el acceso, cualquier persona con un teléfono puede encontrarse con contenido científico de calidad”, destaca.

En este escenario, las redes sociales han transformado la divulgación en una conversación abierta. “Los contenidos ya no se consumen de forma pasiva, sino que generan comentarios, preguntas, críticas y reinterpretaciones. Eso obliga a pensar la divulgación científica no como un mensaje cerrado, sino como un diálogo continuo con las audiencias”, concluye Cavieres.